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    Antes de comenzar a explicar algunas de las tradiciones de nuestro municipio, debemos mencionar que a nivel de crecimiento demográfico ha sido La Robla como pueblo el único que ha tenido un crecimiento espectacular pasando de unos 2.000 habitantes en la segunda mitad del S XVIII, a 3.823 en 1.986 y 3.861 en la actualidad. 

    Los pueblos pertenecientes al Municipio han experimentado una ligera disminución en sus habitantes.

   
 
 
     
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     En cuanto a la cultura popular podemos decir que las viviendas y casas tradicionales son edificios de planta rectangular, muros bastantes gruesos, debido al clima frío que se da en la zona, y de dos plantas generalmente. Las ventanas no suelen ser grandes y hace años las casas solían tener dos entradas, una pequeña y otra con grandes portones destinados a carros y bestias, característica esta que se ha perdido junto con la desaparición de la agricultura y la ganadería.

     En los lugares más montañosos el material predominante en las construcciones es la laja y la piedra sin rodar, mientras que en el resto se usaba la piedra de río unida con argamasa de cal y arena, también era generalizado el uso de barro para la sujeción de las piedras de los muros.

    Las dependencias más habituales en las casas eran las cocinas de leda con suelo de tierra, las bodegas y el bodeguín destinados a las patatas y el vino. Alrededor del corral, muy habitual en las construcciones de esta zona, solía existir pocilga, establos, cuadras, conejeras y jaulas para aves. El pajar también solía aparecer como construcción y estaba destinado a guardar la hierba.

 
 
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© Ayuntamiento de La Robla